En medio de una nueva oleada de medidas proteccionistas, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató un fuerte debate al anunciar una lista de países afectados por nuevos aranceles. Pero hubo un gran ausente: Rusia.
El elefante en la sala: Rusia fuera de la lista
La noticia se esparció rápidamente: mientras países como Siria —con un comercio insignificante con EE.UU.— aparecían en la lista, Rusia no fue incluida. Muchos en Occidente se preguntaron si se trataba de un gesto político o una simple omisión técnica. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aclaró que la razón era otra: las sanciones vigentes contra Rusia ya impiden cualquier comercio significativo.
¿Qué tan cierto es esto?
Los números dicen otra cosa. Según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, en 2024 el comercio entre EE.UU. y Rusia superó los 3.500 millones de dólares. ¿Poco? Tal vez. Pero suficiente para levantar sospechas sobre la decisión de no aplicar aranceles adicionales.
Los productos comercializados incluyen fertilizantes, combustible nuclear y ciertos metales. Una actividad limitada, pero aún relevante.
¿Putin sonríe? La reacción rusa no se hizo esperar
Los medios rusos no tardaron en reaccionar. Desde Rossiya 24 hasta Zvezda TV, la narrativa fue clara: la exclusión no se debe a un trato especial, sino a las sanciones existentes.
Pero el tono fue, sin duda, burlón. Algunos canales rusos compararon la actitud de Trump con la de un emperador que desprecia a sus propios aliados. Incluso se mofaron de la inclusión de territorios como las Islas Heard y McDonald —islas deshabitadas— como objetivos arancelarios, preguntándose si los pingüinos pagarían el 10% de impuesto.
¿Y Ucrania? Un aliado que sí pagará
Mientras tanto, Ucrania —un país apoyado militarmente por Estados Unidos— sí fue incluido en la lista, con un arancel del 10% sobre sus exportaciones. La viceprimera ministra, Yulia Svyrydenko, expresó su preocupación, señalando que estos impuestos perjudicarán sobre todo a los pequeños productores ucranianos.
Trump, Rusia y la geopolítica del comercio
Desde su regreso al escenario político, Trump ha mostrado una postura ambigua frente a Rusia. Aunque amenazó con imponer un arancel del 50% a quienes compren petróleo ruso, sus acciones apuntan más hacia la presión indirecta que hacia un castigo frontal.
Este enfoque ha generado inquietud entre los aliados europeos de Estados Unidos, a quienes Trump ha descrito, en palabras de los medios rusos, como “sirvientes obedientes”.
¿Qué viene después?
Más allá del discurso, la realidad es compleja. Estados Unidos ha invertido más de 182.800 millones de dólares en apoyo militar en Europa y busca aprovechar los recursos minerales de Ucrania como parte de una posible salida al conflicto.
Sin embargo, la omisión de Rusia en la lista de aranceles abre una nueva etapa de análisis estratégico, donde las sanciones, el comercio y la diplomacia se entrelazan como piezas de un ajedrez geopolítico.