Era un día nublado en Budapest, pero la alfombra roja brillaba con fuerza frente al Parlamento. Los tambores militares resonaban mientras Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, bajaba del avión. No pisaba suelo europeo desde hacía más de un año, y no por casualidad: sobre él pesa una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI), por presuntos crímenes de guerra en Gaza. Pero ese día, Hungría tenía otro plan.
En un giro sin precedentes, el gobierno del primer ministro Viktor Orbán anunció su retirada de la CPI. Lo hizo a través de su director de gabinete en una publicación en Facebook, justo cuando Netanyahu llegaba a territorio húngaro. ¿Coincidencia? Difícil de creer.
La jugada política que sacude Europa
Orbán, conocido por su desafío constante a la Unión Europea y su cercanía con líderes como Trump y Putin, justificó la decisión calificando a la CPI de “corrupta y politizada”. Para él, la orden de arresto contra Netanyahu no era más que una maniobra política en medio de un conflicto bélico.
La reacción internacional no se hizo esperar. Desde La Haya, sede de la CPI, se lamentó la decisión, alertando que esta acción “debilita la lucha contra la impunidad”. Mientras tanto, la Autoridad Palestina exigía a Hungría la entrega inmediata de Netanyahu.
Pero Budapest tiene una carta bajo la manga: si bien firmó el Estatuto de Roma en 1999, nunca lo implementó formalmente en su Constitución. Esto, según ellos, los exime de cumplir con las decisiones del tribunal. Una salida legal que hoy cobra relevancia geopolítica.
Netanyahu, Orbán y Trump: el nuevo eje
Durante la visita, Netanyahu no solo fue recibido con honores militares, sino que además mantuvo una llamada conjunta con Orbán y Donald Trump. ¿El tema? La decisión de abandonar la CPI y sus implicancias para Israel y sus aliados.
Trump ya había sancionado al tribunal internacional por supuestas acciones sesgadas. Ahora, con Hungría siguiendo sus pasos, parece formarse un nuevo frente común contra el sistema de justicia global.
Incluso se especula que Orbán podría apoyar la controvertida propuesta de Trump: trasladar a los más de 2 millones de palestinos de Gaza hacia países vecinos como Egipto y Jordania. Una idea rechazada por la comunidad internacional, pero que vuelve a ponerse sobre la mesa.
El futuro de la justicia internacional en entredicho
La decisión de Hungría sienta un peligroso precedente. Si más países siguen su ejemplo, la CPI podría ver debilitada su autoridad como órgano judicial internacional. En un mundo donde los crímenes de guerra y de lesa humanidad aún ocurren, este tipo de decisiones comprometen el ideal de justicia universal.
Y mientras Netanyahu recorre Budapest como invitado de honor, el resto del mundo observa con preocupación. Porque más allá de la política, está en juego algo mucho más grande: la esperanza de que algún día, la justicia pueda ser verdaderamente global.