Antoni Gaudí: el genio de la Sagrada Familia más cerca de ser santo

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En el corazón de Barcelona, entre torres que rozan el cielo y formas que parecen soñadas por ángeles, un hombre dejó su alma en piedra. Ese hombre fue Antoni Gaudí, el arquitecto visionario que convirtió la fe en arte. Hoy, casi un siglo después de su muerte, su nombre vuelve a brillar, no solo en los libros de arquitectura, sino en los altares de la Iglesia Católica.

El papa Francisco, aún convaleciente, firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Gaudí, un paso decisivo hacia su beatificación. Este anuncio ha resonado no solo en los círculos religiosos, sino también entre artistas, creyentes y amantes del arte en todo el mundo.

El arquitecto de Dios

Gaudí no era un arquitecto común. Su obra, especialmente la imponente Basílica de la Sagrada Familia, es más que una estructura: es una oración convertida en piedra. Para él, cada línea, cada curva, era un homenaje a Dios. Su vida entera fue una expresión de fe, vivida con humildad, austeridad y devoción.

Su apodo, el arquitecto de Dios, no es casual. La Sagrada Familia, iniciada en 1882 y aún en construcción, es considerada una de las obras maestras de la arquitectura moderna y una alabanza permanente al Creador. Benedicto XVI la consagró en 2010 como basílica menor, afirmando que Gaudí había transformado la iglesia en “una alabanza a Dios hecha de piedra”.

Camino a los altares

El reconocimiento del papa Francisco lo convierte oficialmente en Venerable siervo de Dios, el primer escalón en el proceso hacia la canonización. Para llegar a ser beato, se necesita que ocurra un milagro por su intercesión; y para ser canonizado como santo, un segundo milagro tras su beatificación.

El proceso comenzó formalmente en el año 2000, impulsado por asociaciones civiles y canónicas que documentaron la vida y obra del arquitecto. En 2023, se presentó el positio, un exhaustivo informe sobre su virtud y santidad, que convenció al Vaticano de su heroísmo espiritual.

Una vida de fe y creatividad

Antoni Gaudí vivió entre 1852 y 1926. Su vida no fue sencilla, pero nunca abandonó su fe. Tras una juventud marcada por enfermedades y soledad, encontró en la naturaleza la inspiración divina que luego trasladó a sus obras. Murió trágicamente, atropellado por un tranvía, vestido como un mendigo, en total humildad.

En sus últimos años, ya completamente entregado a la Sagrada Familia, se le podía ver rezando dentro de la obra. No aceptaba otros proyectos ni buscaba fama. “Mi cliente no tiene prisa”, decía refiriéndose a Dios.

¿Santo entre arquitectos?

Si se confirma un milagro, Gaudí se convertirá en el primer arquitecto canonizado por la Iglesia Católica. Su figura no solo representa la unión entre arte y fe, sino también una inspiración para generaciones que buscan sentido en su trabajo y propósito en su vida.

Barcelona, su ciudad natal, se prepara para un posible evento histórico. La Sagrada Familia podría no solo ser su obra más grandiosa, sino también el templo que lo consagre como santo.