En el corazón del estado de Jalisco, México, se encuentra Teuchitlán, un municipio que alberga la impresionante zona arqueológica de Guachimontones, testimonio de una civilización ancestral. Sin embargo, recientemente, este pintoresco lugar ha sido escenario de descubrimientos que contrastan con su legado cultural, revelando secretos oscuros que han sacudido a la comunidad.
El Esplendor de Guachimontones
Hace más de dos mil años, la cultura Teuchitlán floreció en esta región, dejando como legado las enigmáticas estructuras conocidas como Guachimontones. Estas construcciones circulares y escalonadas, únicas en Mesoamérica, reflejan una organización social y religiosa sofisticada. El sitio arqueológico, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, atrae a miles de visitantes que buscan conectar con el pasado prehispánico de México.
Descubrimiento en el Rancho Izaguirre
No obstante, en marzo de 2025, Teuchitlán fue noticia por razones más sombrías. El colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, dedicado a la búsqueda de personas desaparecidas, recibió una llamada anónima que los condujo al Rancho Izaguirre, ubicado en las afueras del municipio. Lo que encontraron allí fue escalofriante: cientos de prendas de vestir, mochilas y restos humanos, evidencias de un posible centro de exterminio utilizado por el crimen organizado.
Un Pasado Ignorado
Lo más alarmante es que este lugar ya había sido inspeccionado por las autoridades en septiembre de 2024, cuando se detuvo a varias personas y se encontraron indicios de actividades criminales. Sin embargo, la investigación no profundizó lo suficiente, permitiendo que el sitio siguiera siendo utilizado para fines atroces. Esta omisión ha generado críticas hacia la Fiscalía de Jalisco y ha llevado al fiscal general de México, Alejandro Gertz, a anunciar una investigación exhaustiva sobre las fallas en el proceso.
Contrastes de Teuchitlán
El contraste entre la riqueza cultural de Guachimontones y la macabra realidad del Rancho Izaguirre es impactante. Mientras que uno representa la grandeza de una civilización antigua, el otro refleja los desafíos actuales que enfrenta la sociedad mexicana en su lucha contra la violencia y la impunidad.