Reflexión de la Cuaresma del sacerdote Eduardo Torres

Reflexión post Semana Santa del sacerdote Eduardo Torres

La Cuaresma es uno de los periodos más significativos en el calendario litúrgico cristiano. Comienza el Miércoles de Ceniza y se extiende durante 40 días, culminando en la celebración de la Pascua, que conmemora la resurrección de Jesucristo. Este tiempo, más allá de ser una tradición religiosa, es una invitación universal a la reflexión, al crecimiento personal y a la renovación espiritual.

Es una oportunidad para todos, una invitación a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55).

Estos 40 días son un recordatorio de que la vida está llena de desafíos, pero también de oportunidades para crecer y fortalecerse. Así como Moisés pasó 40 días en el Monte Sinaí antes de recibir los Diez Mandamientos, Elías que caminó 40 días hacia el Monte Horeb para encontrarse con Dios, o Jesús que ayunó durante 40 días en el desierto antes de comenzar su ministerio público.

Como camino de esperanza se nos presentan tres pilares fundamentales para la reflexión, el crecimiento y la renovación espiritual; oración, ayuno, limosna. La oración como el verdadero diálogo íntimo con Dios un momento para escuchar la voz interior y encontrar paz en medio del ruido cotidiano. El ayuno no solo como la abstinencia de alimentos, más bien con un enfoque profundo en la privación voluntario de todo aquello que me esclavice, desprendimiento de las pasiones de la carne para conectar con el espíritu.

La limosa que va mucho más allá del dar dinero, sino como un acto de entrega solidaria y generosa dar no solo lo material, dar el tiempo, la compañía dar el espíritu.

La Cuaresma no es el fin en sí mismo, sino es el camino que nos lleva a la Pascua, la fiesta central del cristianismo. La Pascua nos rememora la victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas.

Es un recordatorio de que, después de cada invierno, llega la primavera; después de cada noche, amanece.

El Papa Francisco nos invita a que en esta cuaresma, lo que Dios nos pide es comprobar si nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades.

Es la oportunidad de preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de aceptación, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos.

Que la esperanza sea nuestra confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Con la convicción de que Dios perdona mis pecados, invocando la ayuda de Dios para recibir la salvación, impulsados al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de tal manera que nadie quede atrás.