La mañana del 16 de abril, el mundo de la belleza en México se estremeció. A través de su cuenta oficial de Instagram, se confirmó la muerte de Silvia Galván, la reconocida estilista que durante décadas dejó una marca imborrable en la industria del estilismo y la moda.
Pero más allá de los flashes, las cámaras y las personalidades del espectáculo con las que trabajó, Silvia era madre, esposa y una mujer que construyó su imperio desde cero.
De secretaria a ícono del estilismo
Nacida en San Pedro Garza García, Nuevo León, Silvia Galván nunca imaginó que su pasión por la belleza la llevaría tan lejos. En su juventud, trabajó como secretaria, pero su inquietud por transformar la apariencia de las personas la empujó a estudiar estilismo.
A los 16 años se casó y formó una familia. Pero eso no detuvo su sueño. Con esfuerzo, abrió su primer salón, y pronto su talento comenzó a atraer la atención. Su habilidad, acompañada de una calidez humana muy especial, la catapultó a trabajar con artistas y programas televisivos como Hoy, de Televisa.
La despedida de una madre, contada por sus hijas
Jessica y Erika, sus hijas, decidieron abrir las puertas del funeral para agradecer el cariño recibido. Con voz entrecortada, Jessica compartió que la causa de muerte de su madre fue un infarto derivado de complicaciones tras una quimioterapia reciente.
“El lunes le hicieron un procedimiento porque su riñón estaba inflamado; el martes fue su quimio y no la resistió”, relató. “Fue un proceso muy rápido, apenas nos estábamos adaptando a la idea del cáncer cuando todo cambió”.
Una vida plena hasta el final
Lejos de los hospitales, Silvia pasó sus últimos días en casa, haciendo lo que amaba: ejercitarse, leer, ver sus series favoritas y rodearse del amor de su familia.
“Fue feliz hasta el último día. La estábamos apapachando mucho. Se fue tranquila, en paz”, dijo Jessica entre lágrimas, recordando a la mujer que no solo fue madre, sino también una mentora.
Más que estilista, una inspiración para miles
Silvia Galván fue una pionera. En una entrevista en el podcast Women in the Chair, confesó que su sueño de niña no era estar en el escenario, sino detrás, transformando a quienes lo pisaban.
Su filosofía de trabajo era clara: “La belleza exterior refleja lo que llevamos dentro”. Y así vivió. Cada tijera que movía, cada peinado que creaba, era una expresión de su esencia.
Hoy, sus hijas prometen seguir su legado. Los salones que fundó seguirán funcionando, no solo como negocios, sino como espacios que celebran su visión del empoderamiento femenino a través del estilo.