La noche del 17 de abril de 2025, el cielo del puerto de Ras Issa, en la costa del mar Rojo, se iluminó con fuego y destrucción. Mientras la mayoría de la población dormía, un estruendo sacudió la ciudad. Las bombas habían caído.
Fatimah, una madre de tres hijos, recuerda cómo corrió descalza entre los escombros, buscando a su esposo. «Vi el cielo rojo. Gente llorando, gritando… pensé que moriríamos», cuenta. Como ella, miles de personas vivieron el horror del ataque más letal lanzado por Estados Unidos contra Yemen desde el inicio de su ofensiva en marzo.
¿Qué pasó en Ras Issa?
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) confirmó que bombardeó el puerto de Ras Issa, controlado por los rebeldes hutíes. Según sus declaraciones, el objetivo era eliminar una fuente clave de ingresos para los insurgentes, quienes —aseguran— usaban las instalaciones para la venta ilícita de combustible, financiando así actividades terroristas.
Sin embargo, la cifra de víctimas fue escalofriante: 74 muertos y 171 heridos, según datos proporcionados por la Oficina de Salud de Al Hudeida, difundidos por medios vinculados a los hutíes.
Un golpe al corazón de Yemen
Ras Issa no es cualquier puerto. Junto con Al Hudeida y Salif, representa el canal de entrada del 70% de las importaciones y el 80% de la ayuda humanitaria que recibe Yemen, de acuerdo con la ONU. Bombardearlo no solo golpea a los insurgentes, sino que amenaza la supervivencia de millones de civiles.
“El puerto ha servido al pueblo yemení durante décadas”, declararon los hutíes, quienes calificaron el ataque como un crimen de guerra y una «violación flagrante de la soberanía nacional».
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar
Irán, estrecho aliado de los hutíes, fue el primero en alzar la voz, condenando los ataques como «bárbaros» y contrarios a la Carta de las Naciones Unidas. Por su parte, el gobierno yemení reconocido internacionalmente responsabilizó a los rebeldes por convertir la instalación en un centro de contrabando de armas y petróleo.
Este ataque podría marcar un punto de inflexión en el conflicto regional, intensificando tensiones entre potencias como Estados Unidos e Irán y amenazando la estabilidad del ya convulso mar Rojo.
Una crisis humanitaria en puertas
Con la destrucción parcial del puerto de Ras Issa, Yemen enfrenta una potencial catástrofe humanitaria. La escasez de alimentos, medicinas y combustible podría agravarse en cuestión de días. La población civil, ya devastada por años de guerra, podría quedar aún más desprotegida.
Mientras las potencias discuten en foros internacionales, Fatimah solo quiere una cosa: seguridad para sus hijos. “No me importa la política. Solo quiero que ellos vivan en paz”.
El futuro de Yemen pende de un hilo
A medida que se acumulan los cadáveres y el polvo aún no se asienta en Ras Issa, el mundo observa con incertidumbre. ¿Fue este ataque un mensaje final o el inicio de una nueva escalada?
Lo cierto es que Yemen vuelve a estar en el centro del tablero geopolítico, donde cada movimiento tiene consecuencias devastadoras. Y mientras los líderes toman decisiones desde despachos blindados, el pueblo yemení sigue pagando el precio más alto.